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En el mundo financiero, las tarjetas de crédito son uno de los instrumentos más fáciles de obtener y también de manejar. Sin embargo, son muchas las personas que terminan cometiendo mil y un errores con ellas, perjudicando su bolsillo y su historial crediticio.

Durante muchos años, las tarjetas de crédito han sido satanizadas de la peor manera, pero ¿será que realmente son esos instrumentos de maldad que hemos creído? Si estás pensando en convertirte en propietario de una de ellas, estos son tres puntos clave que debes considerar:

Las tarjetas de crédito son una ayuda insuperable cuando se trata de realizar algunas compras sin tener el efectivo necesario; sin embargo, es muy fácil caer en el círculo vicioso de comprar más de lo que debemos y luego vernos en aprietos al momento de pagar lo correspondiente.

A diferencia de lo que muchos creen, los presupuestos no son como carceleros o verdugos que vienen a quitarle toda la diversión a su vida financiera. Por el contrario, son esa ayuda que necesitamos para administrar mejor nuestro dinero y hábitos económicos.

Se trata de obtener la casa que hemos soñado, pero ¿eso quiere decir que debemos pagar esa hipoteca por el resto de nuestra vida laboral? ¡Claro que no! Y es que hasta para solicitar este crédito debemos tener ciertas consideraciones, a fin de asegurarnos de poder disfrutar de nuestro hogar cuando todavía estamos jóvenes.

Cuando adquirís una tarjeta, también viene con ella una línea de crédito, que es la cantidad de dinero que el banco te está otorgando para que gastés. Esta línea es asignada de acuerdo a la evaluación crediticia que el banco hace de vos, en donde influye tu nivel de ingresos.

La línea de crédito puede representar un peligro si no tomás en cuenta ciertas cosas:

Aunque muchos tengan otra idea, el crédito hipotecario es una opción de financiamiento que no solo entra a tallar cuando desea comprar una vivienda nueva. Hay muchos otros casos en los que se puede usar y aquí los detallamos:

Estás almorzando fuera de casa y te toca pagar la cuenta, sacás la tarjeta, la pasás por la máquina POS y la mesera te indica que tu tarjeta fue rechazada porque ya no tenía fondos ¡y vos no has gastado nada!

Esta es una situación común de alguien cuya tarjeta fue clonada. La clonación de tarjetas o ‘skimming’ es un delito que se puede llevar a cabo en dos pasos:

Comprar un auto es cada vez más importante para los ciudadanos y en los últimos años se ha vuelto más importante en los jóvenes, quienes no pueden esperar para disfrutar de todos los beneficios que abarca tener su propio vehículo, entre estos escapar del congestionamiento con el uso de vías alternas y disfrutar de comodidad en el viaje diario.

Suena el teléfono y al otro lado de la línea una voz muy amable te ofrece una tarjeta con buenas tasas de interés y beneficios exclusivos. “¡Qué padre!” es tu primer pensamiento, pero luego en tu cabeza comienza a sonar una sirena de emergencia haciéndote recordar que vos ya tenés un plástico. “¿Sería tan malo tener dos? ¿O tres? Pues de más de cinco no pasaré”, piensas de nuevo.